David Solper

Hay realidades que son innegables, aunque muchos de nosotros seamos insensibles a la observación de las personas que nos rodean, cuando encontramos un hilo que jalar realmente se pueden encontrar muchas verdades ocultas o simplemente silenciadas en la realidad. Ayer me di cuenta de que tengo una cuenta bloqueada en un servicio de streaming, se supone que esa cuenta ya no se puede usar y, sin embargo, sigo recibiendo comunicados que me invitan a contratarlos desde esa cuenta. Esto podría parecer un pequeño error, pero en realidad es un proceso innecesario: alguien en el fondo de ese proceso no ha detectado que tiene un gasto extra, que está instando a la contratación a cuentas ya bloqueadas. Esto no es un error pequeño, es el reflejo de los límites de los equipos de trabajo, cosa que las diferentes huestes celestiales de las diversas empresas que existen alrededor del mundo no ven, porque por supuesto hay prioridades, y no es sarcasmo, las hay, no se puede construir un imperio viendo únicamente los detalles. El problema es cuando esos detalles construyen un antiimperio, la parte opuesta y negativa de la ambición del crecimiento: el freno natural del crecimiento es acumular una deuda de detalles tan grande que luego las opciones de salida generan consecuencias que a veces son hasta equivalentes entre el beneficio y el daño que pueden hacer, porque se acumulan tantos pendientes, tantos problemas de fondo, tantas actualizaciones que ya no hay quien tenga el contexto completo, por lo que es necesario asumir los riesgos. Esa es otra: en esta situación pareciera que nadie quiere asumir un riesgo tan grande, pero qué cruel es la realidad, que quedarse sin hacer nada luego llega a ser el riesgo más grande. Esto es inevitable: o cambias, o la corriente te alcanza.

El tiempo y el espacio de las personas que trabajan en estos nodos son esenciales, no darles trato de utopía, sino simplemente entender que las cosas llevan su tiempo para hacerse bien. Creo que esto no es algo que un CEO pueda entender fácilmente: diseñar, planear, desarrollar, desplegar, configurar, implementar, probar no son cosas que se puedan estimar con plena exactitud, y presionar a los equipos para que se haga en menos tiempo del debido va a provocar que el equipo haga las cosas rápido y mal, o que no las hagan porque la carga mental es mucha.

Afortunadamente ya existe la IA, dirían algunos, pero el CEO no opera la IA, lo hacen otros: el equipo, las personas con conocimiento que usan herramientas para hacer más fácil su trabajo, pero no por ello un buen proyecto puede comenzar por la mañana y terminar por la noche. Todo tiene su tiempo.

Si la persona que tiene el dinero se involucra en la operación podríamos coordinarnos más fácilmente; si aquel que invierte puede conocer la necesidad y conocer por qué es necesaria la inversión, entraríamos en un círculo virtuoso de avance, algo que no es imposible, pero que definitivamente he visto en muy pocas ocasiones, comparado con las ocasiones en donde me ha tocado observar el abandono de áreas funcionales, la ausencia de decisiones, la caída anunciada de unidades que algún día fueron sanas y representaron un gran desarrollo.

Quizá esto es natural, no es queja, definitivamente lo he visto tanto que comienzo a creer que son ejemplos completamente normales de nuestro comportamiento humano. Observar estas falencias no me hace mejor, solo me hace observarlas, pero la conciencia es lo que ha llevado a las grandes mentes a crear cosas nuevas, que arreglen verdaderos problemas. Por otra parte, la experiencia de un tomador de decisiones debe ser intensa, y por ello probablemente las energías se acaban rápido; no dudo ni por un segundo que esta sea una tarea brutal, pero no por ello lo anterior deja de ser realidad.

Dejo esta nota como una nota de conciencia profesional, algo que he observado en el mundo en el que me encuentro. Iré actualizando mi observación sobre el tema.

¡Saludos!

Comentarios

Para comentar solo hace falta un nombre. Los nombres no se verifican.